I – INTRODUCCIÓN
El tema que se sugiere ya mereció nuestra opinión
la que se publicó en un trabajo conjunto realizado con el
auspicio del Instituto de Investigaciones Jurídicas
y Sociales “Ambrosio L. Gioja”, de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Buenos Aires, Argentina, (1) el que se
publico en una obra que editó el Departamento de
Publicaciones donde se incluyeron aportes de investigadores
de esa Facultad y de otros de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Allí expresamos, entre otros conceptos:
Para no pocos el Derecho del Trabajo depende de la Economía.
Está condicionado por ella. Esto puede ser verdad,
pero sólo es parcialmente cierto.
No significa que se encuentra bajo la férula de
la coyuntura y de la infraestructura económica, al decir de Camerlynck
y Lyon-Caen. (2)
Existe una interacción o compenetración
entre el Derecho y la Economía. El derecho del trabajo puede jugar
un papel de motor económico. Expresan aquellos autores recordando,
por ejemplo, que la huelga por aumentos de salarios puede llevar a mejorar
la productividad del trabajo y a racionalizar la producción y las
buenas relaciones entre empresa y sindicato y se pueden llegar a constituir
en un factor de desarrollo económico.
El Derecho del Trabajo puede estimarse como rama jurídica
propia y autónoma a partir de los años veinte, en este
siglo. Algún autor fija allí su nacimiento
o mejor dicho el comienzo de su trascendencia, en Argentina (3).
Le asiste razón al Dr. Paiva cuando afirma que
las crisis contemporáneas han tenido un impacto particularmente
destructivo sobre el empleo provocando el desempleo en
masa pero no coincidimos con él cuando afirma que ellas
han puesto en crisis terminal o cuasi al modelo tradicional
del Derecho del Trabajo. Por lo menos ello no ha ocurrido siempre.
El Derecho del Trabajo en Argentina se ha afirmado y fortalecido
en cada crisis económica. Esta afirmación
trasciende nuestras fronteras, (4) y es así como
se advierte que luego de la finalización de la primer Gran Guerra
y la crisis económica mundial que le sobrevivió aparecen
las primeras leyes fundamentales de la disciplina y el
reconocimiento de sus principios, la creación
de la Organización Internacional del Trabajo y la suscripción
del
Tratado de Versalles y de la Convención de Washington
que tanto influyeron en fundamentales institutos del Derecho del Trabajo.
La depresión iniciada en 1929, en el norte, propicia
a pesar o por sus crisis, el plan Rooselvelt sobre seguridad social y nuestra
vernácula “década del treinta”, produce contradictoriamente,
esa ley N 11.729 que inserta en el código de los comerciantes resultó
un ponderabilísimo código de los trabajadores nacionales,
útil durante cuatro décadas, y donde a través de sólo
media docena de artículos se afirmó el principio protectorio,
el de irrenunciabilidad y el de la continuidad del contrato de trabajo,
entre otros.
Otra crisis, la derivada de la segunda guerra mundial,
consolidó aún más la disciplina con la explosión
estatutaria y la sanción de innumerables normas garantistas.
Mientras tanto en el orden internacional la “Declaración
de Filadelfia”, de 1944, la “Declaración de los Principios
Sociales”, votada en Chapultepec en 1945 y la Carta Internacional
de Garantías Sociales”, de Bogotá de 1948,
predicaban que el trabajo no es una mercancía
sujeta a la ley de la oferta y la demanda superando -parecía-
definitivamente el liberalismo decimonónico decadente.
La última de las citadas insistía. “el trabajo es función
social y no debe considerarse un artículo de comercio”.
En esos pronunciamientos, emergentes de aquella gran crisis,
también se proclamó: “sólo puede haber paz
internacional duradera si está basada en la justicia
social, deben adoptarse condiciones dignas y humanas del trabajo, el estado
debe dirigir y auxiliar las iniciativas sociales y económicas
dictando en cada país una legislación social que proteja
a la población trabajadora con salario mínimo vital, jornada
máxima, períodos de descansos retribuidos, seguros contra
los diferentes riesgos, irrenunciabilidad de los derechos consagrados a
favor de los trabajadores, etc.(5)
La crisis política argentina, avanzada la década
del 60, y la crisis económica mundial, derivada del petróleo
y la
revolución tecnológica del 70, con sus
repercusiones aquí, no impidieron el encomiable proyecto del Código
de
Derecho del Trabajo elaborado por los Dres. Nápoli,
Tissembaum y Despotin aún y pese a la prédica del profesor
Deveali que contemporáneamente propiciaba que
este derecho estaba destinado a ser absorbido por la evolución delDerecho
de Previsión ya que aquél representaba simplemente una face
transitoria del derecho de corte individualista destinada a desaparecer
pudiendo preverse que en caso de crearse un seguro de desocupación
desaparecería en buena parte, si no totalmente, la razón
de ser de las indemnizaciones por despido (6). Es decir, ya en 1964 en
Argentina se auguraba premonitoria y equivocadamente un Derecho del Trabajo
Mínimo. Hace veintiséis años de la sanción
de la ley de contrato de trabajo, N 20.744 (1974) y comenzó su primer
flexibilización integral solo dos años más tarde,
durante el proceso del gobierno militar de triste recuerdo en Argentina,
en 1976.
II – LA REALIDAD ACTUAL
Así llegamos al momento actual. Otra crisis, en
Argentina y en el mundo.
Y el Derecho del Trabajo asiste -o ¿resiste?- a
nuevas embestidas. Llámense también teorías o doctrinas.
Esta disciplina jurídica, sabido es, sufre duros
golpes como consecuencia de la desindustrialización, la pobreza,
la
inflación, la marginación, la desocupación,
la precarización del trabajo, la exclusión. Volveremos sobre
el particular.
III – FLEXIBILIZACIÓN Y DESREGULACIÓN
Se alzan así voces severas y potentes pretendiendo
que se suprima la garantía legal, dejando abandonada la legislación
protectora en busca de la autonomía de la voluntad. De tal manera
se propone la desaparición del orden público laboral y es
cierto, como se indica, en la propuesta del Dr. Paiva que motiva estas
reflexiones, que se siembre en Europa (y estas latitudes, agregamos por
nuestra parte) un movimiento de ideas alrededor de la flexibilización
de los institutos, que “a diario recauda menos pensadores, especialistas
y principalmente los operadores (?) del Derecho del Trabajo”.
Simultáneamente se acentúa una crisis económica,
que desde una posición flexibilizadora es interpretada como una
ruptura del equilibrio entre producción y consumo,
o entre trabajo y producción, que obliga al empresario a dar
demasiado para obtener relativamente poco.
Pero crisis hubo siempre y salvo minorías que defendían
a ultranza el egoísta liberalismo decimonónico en franca
decadencia a nadie se le ocurrió echarle las culpas
de la crisis y de la desocupación al derecho del trabajo. Hasta
ahora.
Por el contrario, esta rama jurídica no sólo
pervive a las crisis sino que además, como vimos, nació y
se justifica con ellas y progresa en medio de sucesivas crisis.
En algunos países industrializados de Europa se
ha cuestionado en los últimos años la viabilidad del derecho
del
trabajo, como disciplina jurídica que tiene por
objeto la tutela del trabajador dependiente, en una situación de
crisis
económica.
Para quienes así opinan sería necesario
ya pensar en un nuevo Derecho del Trabajo, o mejor en un Derecho al
Empleo, como sistitutivo de aquél.
Y así expresan que el Derecho del Trabajo tradicional
no puede continuar basándose en el garantismo legal o
convencional y el reconocimiento de derechos subjetivos
indisponibles ya que aquél está condicionado por la
Economía.
Por ello cada vez se insiste más en tener presente
que, para contribuir a remediar el flagelo del desempleo -uno de
los cinco gigantes malignos del que hablaba Beberidge-
se hace necesario adaptar el empleo al mercado de trabajo,
más “la flexibilidad como remedio contra el paro
no deja de ser una presunción más o menos razonada y más
o menos demostrada empíricamente, basada sobre todo en ejemplos
microeconómicos”. (7).
Para algunos autores el Derecho del Trabajo no sería
ni podría considerarse autosuficiente ya que debe coordinarse y
completarse con el Derecho Económico, del que forma parte. (8).
Mas si bien es cierto, que el Derecho del Trabajo, cuyo
fin y razón se enunció al comienzo, depende de la economía
en cuanto no siempre alcanza a lograr lo socialmente deseable debiendo
aceptar lo económicamente posible, no se encuentra en todos sus
aspectos bajo la férula de la coyuntura y de la infraestructura
económica (9) y a veces hasta resulta al revés, la economía
se somete al Derecho del Trabajo y el desarrollo de éste influye
en aquella.
Para algún autor que glosa esta conclusión
(10) existe una permanente interacción o compenetración entre
derecho y economía que manifiestan recíprocas influencias,
así aquél obra sobre el empleo y el mercado de trabajo y
en
definitiva, la estrategia económica, en cuanto
reglamenta la jornada laboral y los distintos descansos y licencias.
Esas influencias recíprocas no son necesariamente
negativas ni contradictorias, constituyéndose a veces el Derecho
del Trabajo y sus reivindicaciones sociales en un auténtico
motor económico.
El bienestar social, las buenas relaciones entre empresarios
y trabajadores o sus organizaciones gremiales y el
acatamiento a las leyes laborales influyen sobre la economía
ya que, como bien se ha expresado, (11) el desarrollo
social fomenta aceleradamente el crecimiento, no lo frena;
además cabe recordar que no es posible el progreso
económico sin cierto grado de armonía entre
los factores de la producción. (12)
IV – PAPEL DEL ESTADO
También se oye hablar con frecuencia y no total
sinrazón del abuso del paternalismo del estado, de la pertenencia
de la opción tecnológica a la empresa, de la reorganización
del tiempo de trabajo, de formas de contrato que le permitan a las empresas
adaptarse a la demanda, de potenciar las medidas de movilidad interna con
el fin de aumentar la competitividad, etc.
Se suele afirmar asimismo, que es ésta la única
forma de evitar el empleo ilegal o precario y las distorsiones del
contrato de trabajo.
El Estado no puede hallarse ajeno a las necesidades de
la economía, las exigencias del desarrollo, la lucha por la
prevalencia del valor empleo, la consideración
por la atención de la industria nacional y esencialmente y en particular,
con respecto a alguna de sus areas postergadas a una auténtica posibilitación
de reconversión industrial y la preocupación por la consideración
de las pequeñas y medianas empresas. (15)
Ninguna sociedad resiste la convivencia de los hombres
y grupos que la integral sin un poder que imponga orden
y encauce las actividades dentro de un conjunto de valores
la paz, la justicia, la solidaridad, la libertad.
La actividad económica no puede escapar a ese orden.
Si el Estado no impone un orden con libertad y con
justicia en el área de la economía, el
mercado y la libre competencia se absolutizan (16).
Y no hay derechos absolutos hoy. Menos en lo económico.
En este ámbito el Estado no puede permanecer en la
retaguardia anacrónica del laissez faire, laissez
passer.
El acceso al derecho no puede quedar sólo librado
al juego injusto del mercado y de 1a libre competencia
porque la persona humana no es una cosa, ni el trabajo
solo una mera mercancía (17).
V – DERECHO DEL TRABAJO DE LA CLASE DOMINANTE
Asiste tal vez razón a quienes indican que el derecho
–en general- es la voluntad de la clase dominante y no la
tienen menos quienes afirman que el Derecho del Trabajo
es un auténtico sostén del sistema capitalista, su dique
o
contención. Lo advertimos más definido
en éste que en el otro. Singular resulta asimismo recordar que en
nuestro
país los gobiernos autoritarios le respetan aparentemente
aún más que los nacidos de la voluntad popular. Obtiene un
desarrollo mayor por lo menos en su expresión individual. Ya que
en lo colectivo a veces ni existe. O se le menciona en voz baja o como
algo ajeno o extraño. Los mismo acontece con los regímenes
que adhieren a la dictadura del proletariado, la que ni lo puede concebir.
Así lo podemos comprobar hoy en la República del Caribe que
se prolonga en el tiempo, más allá de la caída del
Muro de Berlín.
Sin embargo un ilustre pensador argentino, autor en 1920
del libro “El derecho nuevo” (18) consignaba que los
problemas del trabajo y del empleo no se limitan
a lo jurídico, se vinculan a la economía, la sociología
y la
medicina y el derecho del trabajo mantendrá
su vigencia mientras exista alguien que insista:
a) en la transmutación
del trabajo en mercancía;
b) la explotación del hombre
por el hombre y
c) el régimen de vida por
el cual el hombre se convierte en inhumano instrumento del proceso
productivo.
VI – DERECHO DEL TRABAJO MÍNIMO
Nos parece interesante su sugerencia.
Pero e llo siempre que se vincule con el derecho laboral
internacional y lo consensuado o, por lo menos,
discutido, en los ámbitos regionales.
Se habla hoy de la globalización económica
(19).
Este concepto se utiliza para justificar anomias en las
relaciones laborales nacionales e internacionales, donde
no es necesario regular las conductas porque el
sistema mundial apunta al hecho comercial.
La globalización económica ha irrumpido
en nuestra vida cotidiana.
El paradigma mítico de esta cultura es la competitividad;
el sentido de la existencia es lo económico.
Así se habla de mercado de trabajo, de oferta y
demanda circunstancial y de flexibilidad laboral.
Esta no es más que la recepción legislativa
circunstancial de un momento determinado en la relación
capital-trabajo. Este momento.
La "globalización" es una forma de convivencia
internacional incompatible con la que nosotros conocemos
como "el derecho del trabajo".
Es que para atender a las normas laborales debemos referirnos
a lo que se conoce como "la
internacionalización económica" y no a
la "globalización".
La diferencia entre ambos conceptos radica en la intervención
o no del sujeto Estado, el que se da sólo en el
primero de los casos.
Es necesario conocer la voluntad de los Estados para entender
el concepto de integración.
Esta voluntad se expresó:
1) al determinarse los objetivos de la Organización
Internacional del Trabajo (del que nos referimos
precedentemente); y
2) en la Conferencia de Filadelfia (1924) en la 26 a.
Reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, donde se
ratifica el concepto que "el trabajo no es una
mercancía, ni un artículo de comercio".
Este es para nosotros, sin duda, el nacimiento o comienzo
del Derecho Laboral Internacional.
Es el comienzo de la voluntad de los Estados para generar
en el orden internacional una conciencia social que
podría expresarse así, conforme la aludida
declaración: "... todos los seres sin distinción tienen derecho
a perseguir
su bienestar material y su desarrollo espiritual en condiciones
de libertad y dignidad, de seguridad económica y en
igualdad de oportunidades...".
Esta idea se tradujo, en el norte, EE. UU, en el
New Deal, de Roosevelt.
Y en el ámbito internacional se plasmó entre
otros en los siguientes Convenios de la O.I.T.:
87 de libertad sindical y protección
del derecho de sindicación (1948)
98 de derecho de sindicación y negociación
colectiva (1949)
117 de política social (normas y objetos
básicos) (1962)
118 sobre política del empleo (1964)
Corresponde destacar que el Sistema de Relaciones Laborales
del MERCOSUR, presentado por la Argentina
en la reunión celebrada en Montevideo, en
1994, fija con buen criterio, mínimos laborales que pueden resultar
una
base de los derechos humanos básicos de naturaleza
laboral que los Estados deben respetar y no pueden modificar
(20).
Este sí, puede considerarse un piso, o derecho
mínimo, donde habría hasta consenso transnacional.
A pesar del crecimiento económico gran parte de
la Sociedad está obligada hoy a medrar por su subsistencia.
Y esto no se resuelve con meras expresiones de deseos.
El piso mínimo de cumplimiento o derecho del trabajo
mínimo estaría constituído, para los que así
pensamos,
por los siguientes derechos fundamentales universales
al que los países miembros de la O.I.T. o, por lo menos, del
MERCOSUR se deben comprometer a respetar son:
-- la abolición del trabajo forzoso,
-- la libertad de asociación,
-- la libertad de negociación,
-- la prohibición del trabajo de menores,
-- la prohibición del trabajo de mujeres
en determinadas circunstancias.
Cabe de cualquier manera tener presente que la posición
brasileña fue en el evento recordado muy prudente.
Es un proyecto político que aumenta el universo
de nuestras posibilidades.
En síntesis la idea de la concurrencia sistémica
es a nuestro juicio la doctrina que debería prevalecer ante los
meramente declarativos métodos pactistas.
Quienes, como nosotros, nos enrolamos en esta tesitura,
entendemos que resulta imprescindible insistir en
que, previo al dictado de una Carta Social, los Estados
deben efectivizar los derechos ya existentes. Cumplirlos
(21).
A diferencia del Sistema Europeo, que se pretende copiar,
(conocido como el de la CONSTRUCCION
NORMATIVA DEL ESPACIO SOCIAL) este otro Sistema, el que
propiciamos, entiende que la norma debe surgir de la conjunción
de los factores que hacen al SUBDESARROLLO SOCIAL y que ésta sólo
se logra luego de identificar previamente las necesidades políticas.
Primero se hace imprescindible conjugar los factores,
identificarlos, atenderlos, luego recién procede dictar la norma.
Dichos factores son, entre otros, todas las miserias
del subdesarrollo. Entre ellos un catálogo enumerativo
debería mencionar:
a) el incumplimiento de las normas laborales,
b) el trabajo infantil,
c) la mortalidad infantil,
d) el desempleo,
e) la precariedad laboral,
f) la clandestinidad laboral.
De todos ellos y de su identificación y su atención,
recién surge la norma, no al revés.
Este es para nosotros el auténtico sistema de armonización
de intereses que podría permitir resolver los problemas
del subdesarrollo. Nuestros problemas. Los del MERCOSUR.
Primero corresponde identificar el problema, luego procede
recién legislar.
Para quienes así pensamos, la norma debe surgir
de la identificación de las necesidades de los Estados
(CONCURRENCIA) y solo puede avanzar en la medida que
dicha "concurrencia" se realice en armonía (SISTEMICA), a fin de
evitar nuevos errores históricos y documentos sólo y meramente
declarativos.
VII – CONCLUSIÓN
Es cierto que el nuevo siglo presenta desafíos.
Uno está vinculado con el nuevo modelo que sugiere este aporte:
el
Derecho del Trabajo Mínimo: Vale la pena debatirlo.
Como se debatió y debate: a) el Derecho del Trabajo
Tradicional, b) su flexibilización (22), c) su adaptación
(23), d) su modernización (24), e) ahora el Derecho
del Trabajo Mínimo (25), o f) y recientemente la difundida
entropía de las normas laborales (26) (27).
El proceso entrópico que se diagnostica es el resultado
de la reacción contra el rigorismo del garantismo
laboral clásico que caracterizó el origen
e inmediato desarrollo del Derecho del Trabajo
La entropía, segundo principio de la termodinámica,
nos permite apreciar el fenómeno con herramientas que
por su cientificidad resultan esclarecedoras, convincentes
y simbólicas.
La entropía puede ser descripta como una
medida de la capacidad de un sistema de hacer un trabajo útil, como
determinante de la dirección del tiempo y como
medida del desorden.
La inobservancia de las normas existentes y la sanción
de normas contrarias a la razón de ser histórica de la
disciplina genera una falta de capacidad para producir
trabajo útil. Expresan también el proceso entrópico
la evolución de esta disciplina a través del tiempo y el
desorden que hoy se manifiesta en los elementos que la componen: las normas,
las conductas y los valores.
El desorden se materializa además en la convivencia,
en nuestro ordenamiento legislativo laboral, de distintas
normas de diverso orden conceptual, temporal e ideológico
y en otras que se hallan superpuestas, son
contradictorias, no tienen vinculación entre sí
o son farragosas y enciclopédicas. Otras tantas también son
obsoletas y producto de un dispendio inútil o son el resultado de
una técnica descuidada y deficiente cuando no el transplante
extemporáneo de legislación foránea.
El desorden en las conductas, por su parte, genera disociación entre
las
aspiraciones culturales prescriptas y los caminos socialmente
estructurados para llevarlos a cabo y los valores
padecen las consecuencias de un necesario proceso de
revisión o reformulación.
Este principio -el de la entropía- nos permite
apreciar el estado actual de la cuestión y vislumbrar la posibilidad
de alternativas que no limiten el estudio a una descripción
contemporánea o coyuntural que sólo observe el fenómeno
que se trata como si fuera la simple flexibilidad, modernización
o adaptación de las normas y que no pueda dar cuenta de sus consecuencias
o derivaciones a largo plazo.
Se desea poner de relieve que la inobservancia de las
normas laborales vigentes y la creación de nuevas
normas contrarias a la razón de ser histórica
del Derecho del Trabajo frustra las expectativas de los agentes
intervinientes en la relación laboral y genera
situaciones ineficientes tanto para los trabajadores como para los
empleadores, operando una fuerte regresión entrópica
que podría provocar la destrucción del sistema.
Es que nos hallamos ante el intento de una regulación
genérica en sentido regresivo a los intereses de los
trabajadores dependientes.
Este fenómeno que se evidencia y denuncia no impide
que tanto reglas, como mecanismos defensivos u alternativas estratégicas,
por una parte, o actitudes individuales o colectivas de los sujetos que
forman parte de su
conjunto, puedan frenar o amortiguar este agónico
proceso.
En el Derecho del Trabajo se puede advertir un desequilibrio
acelerado de las pautas que caracterizan su
especialidad. Pero entendemos que el Derecho del Trabajo
no se desintegrará si se logra que los institutos que lo
componen no pierdan la capacidad de mantener sus interrelaciones
específicas, base de la estabilidad de todo el
conjunto. Ello en atención a que las bifurcaciones
que se producen en el sistema no deben permitir que cambien las
características esenciales de este derecho especial.
Las fluctuaciones a las que se halla expuesto el
sistema deben ser reajustadas por vía de la retroalimentación
negativa para evitar que la retroalimentación
positiva destruya el sistema permitiendo así que las propiedades
de
autorregulación faciliten que éste mantenga
en términos generales su función e identidad. Su razón
de ser.
El Derecho del Trabajo debe continuar manteniendo su cohesión.
Se debe impedir la destrucción del sistema que
equivale a la dislocación de las interconexiones entre las partes
o elementos de aquél y que por ello dejan de integrar
una entidad organizada.
Prigogine (28) entiende a la entropía "como la
función de un tiempo interno, de esta edad propia de las cosas,
estima que el tiempo interno se infla al progresar, conserva
todo el pasado pero deja abierto el porvenir".
No hay dudas de que el nuevo período por el que
atraviesa nuestra disciplina será fundamentalmente diferente, porque
a la continuación de los rasgos declinantes sucederán, a
nuestro juicio y el de otros, trazos distintos enderezados a preservar
el sistema.
No basta solicitar "leñadores para abatir los árboles
y carpinteros para concebir nuevos ensamblajes" (29).
El final de este tiempo, el "big crunch" (30), la culminación
del proceso entrópico, el fracaso de los sucesivos
parches flexibilizadores, ¿modernistas?, ¿desreguladores?,
¿adaptadores?, ¿emergenciales? ¿minimalistas? todo
ello
una cosa indica: debe recomenzarse reconstruyédose
la disciplina al estilo de Sigfrido en la tragedia de los Nibelungos (31).
Entonces si el régimen tutelar del Derecho del
Trabajo readquirirá una identidad distinta, más profunda
y genuina que la actual, vinculada con el destino de una sociedad que quiere
y debe realizarse también a través del hombre que trabaja
para otros y que por medio de su actividad cocrea.
(1) Avances de Investigación en Derecho y Ciencias
Sociales. IV Jornadas de Investigadores y Becarios, Bs. As.
10 al 12 de octubre de 1996. Nuestra ponencia: “Las intersecciones
entre Derecho y Economía”.
(2) CAMERLYNK y LYON-CAEN: “Manuel de droit du travail”,
París, 1955.
(3) SARDEGNA, Miguel A: “Asignaciones Familiares y Seguridad
Social”, Prefacio, B.’ As., 1989, pág. 7 y
Alfredo PALACIOS, que publicó la primer
edición de su obra: “El Nuevo Derecho”, precisamente en 1920.
(4) PALOMEQUE LOPEZ, M.C.: “Un compañero de viaje
histórico del Derecho del Trabajo: la crisis económica”.
Su ponencia en el Congreso de Foz de Iguazú, Brasil, 1984.
(5) ANTOKOLETZ, Daniel: “Derecho del Trabajo y Previsión
Social. Derecho argentino comparado, con referencias especiales a las repúblicas
americanas”, T 1, Bs. As. 1953.
(6) DEVEALI, Mario: “Tratado de Derecho del Trabajo”,
Bs.As., 1964, T 1, pág. 12.
(7) SALA FRANCO, Tomás: “El debate sobre las políticas
de flexibilidad laboral y Derecho del Trabajo”, “L.T” 1988, pág.
335.
(8) RODRiGUEZ PIÑERO, Miguel: “Derecho del Trabajo
y concertación social con instrumento de la política de empleo”.
Instituto de estudios laborales y de la seguridad social de España,
1982.
(9) op. cit. nota 2.
(10) GARCIA MARTíNEZ, Roberto: “El derecho del
Trabajo frente a la crisis”, Rev. “D.T. 1987, pág. 97.
(11) PODETTI, Humberto A: “La política social”
en “Tratado de Derecho del Trabajo dirigido por VAZQUEZ VIALARD,
T 1.
(12) OLIVERA, Julio: “Derecho económico, derecho
social y derecho de la asignación Rev. “D.T.” 1955, pág.75.
(13) RISOLIA, M.A.: “Soberanía y Crisis del Contrato”,
Bs.As. 1955.
(14) BORDA, G.: “la reforma de 1968 al Código Civil”,
Bs. As. 1971.
(15) SARDEGNA, M.A.: “Régimen de Contrato de Trabajo
y Ley Nacional de Empleo Bs. As. 1993, pág. 30.
(16) BIDART CAMPOS, G.J.: “El supermecado y la libertad
económica absoluta”, diario La Prensa 20.7.93.
(17) Aquí concluían nuestras reflexiones
en la Ponencia que se difundieron a través de ese Avance de Investigación
presentado en el Instituto Gioja a que se hizo referencia en la primer
nota.
(18) PALACIOS, Alfredo L.: “El Derecho Nuevo”. Edit. Claridad,
5ta. Edición, 1920.
(19) SARDEGNA, M. A. y otros: “Derecho Colectivo del Trabajo”,
Edit. Eudeba, Bs. As., Argentina, 1999, pág. 279 y ss.
(20) A partir de este párrafo prácticamente
transcribimos un capítulo de nuestro libro “Las Relaciones Laborales
en el Mercosur”, Edit. La Rocca, Bs. As., Argentina, 1995.
(21) Recogemos la tesis de la “Concurrencia Sistémica”que
en la Argentina desarrollara y difundiera el profesor Gerardo Corres y
a la que hicimos mención en la obra citada en la nota anterior.
(22) A través de una gran cantidad de autores de
todas latitudes.
(23) Según las enseñanzas del Profesor Humberto
Podetti entre los argentinos.
(24) De acuerdo a las sugerencias del Dr. Justo López.
(25) Según propicia el profesor Mario Antonio Lobato
de Paiva, del Brasil.
(26) Según la tesis de la Dra. Paula C. Sardegna
(Edit. Eudeba, Bs. As. 2000).
(27) Conforme consignábamos en el prólogo
a la 7ma. Edición de nuestra obra: “Ley de Contrato de Trabajo”,
Edit. Universidad, Buenos Aires, Argentina, 1999, aunque sin mencionar
la tesis del Dr. Paiva, la que se incluirá en la próxima
8va. Edición.
(28) PRICOGINE, Ilya, Revista "El Paseante", Nº 4,
España, Madrid 1986, pág. 14.
(29) LYON – CAEN, Introducción a la edición
francesa del libro: Derecho del Trabajo. Democracia y Crisis en Europa
Occidental y en América Latina, Centro de Publicaciones del Ministerio
de Trabajo y Seguridad Social, España 1989, pág. 14.
(30) HAWKING, Stephen: "Historia del tiempo. Del big bang
a los agujeros negros", Trad. Castellana de Miguel Ortuno , Edit. Crítica,
Barcelona 1991, pág. 221.
(31) SIGFRIDO. En el anillo de los Nibelungos de Richard
Wagner. First Performance Erstauffúhrung. Premiére 16.8.1976.
Miguel Angel Sardegna (*)
Derechos Reservados
Buenos Aires, Abril de 2000.-
(*) Miguel Angel Sardegna abogado; Doctor en Derecho
y Ciencias Sociales; Profesor Titular de Derecho del Trabajo y de la Seguridad
Social en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires; Director
del Departamento; Profesor Titular Consulto de la Facultad de CienciasEconómicas
de la Universidad de Buenos Aires; Profesor integrante de su Consejo Directivo;
Coordinador de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Trabajo, Empleo
y Formación de Recursos Humanos de la República Argentina.